Orientadoras comunitarias de los departamentos de Itapúa y Ñeembucú, participaron del foro departamental de intercambio de las experiencias vividas en el territorio, durante el trabajo realizado durante 6 meses de acompañamiento y apoyo a mujeres que atravesaron diferentes situaciones de violencia. Los aprendizajes, las buenas prácticas, y los nudos críticos en la ruta de la atención, fueron algunos de los principales temas abordados y analizados.

La experiencia impulsada desde el resultado 1 del proyecto “Mujeres del sur en Acción” ejecutado por Kuña Róga, con el acompañamiento de Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos (AIETI) y el financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), conto con una primera etapa de formación en el año 2025, donde se desarrollaron los ejes de: “Herramientas jurídicas contra la violencia basada en género y los alcances de ley 5777/16 “De protección integral a mujeres contra toda forma de violencia” y el módulo de “Acompañamiento psicosocial y protocolo de autocuidado“, donde las mujeres pudieron, a través de técnicas vivenciales, experiencias y estudios de casos, hacer una revisión integral sobre cómo se puede acompañar a las mujeres que necesitan hacer denuncias o, incluso, necesitan contención y acompañamiento.

El foro realizado permitió hacer una revisión del camino recorrido, y extraer las buenas prácticas, que a partir de ahora se constituyen en una experiencia que la organización sistematizará como un aporte para futuras acciones en territorio para la prevención de la violencia basada en género.
Las experiencias compartidas se inició con la dinámica vivencial “Cruzar el puente”, esta técnica permitió a cada orientadora identificar su posición actual frente al acompañamiento realizado en estos meses en situaciones de violencia. Entre las percepciones del trayecto identificaron a su familia, a sus hijos, a la red de mujeres y a Kuña Roga como la fuerza que sostiene el puente.
Entre los obstáculos se mencionaron a algunas instituciones que no acompañan y la “falta de empatía” que persiste. Algunas orientadoras se ven en el medio del puente, otras soltando cargas del pasado, y algunas enfocadas en el aspecto espiritual para superar temas pendientes a nivel personal o familiar.
El territorio en acción, logros y dificultades
A través de sociodrama y trabajos grupales, se analizaron las “rutas críticas” que enfrentan las mujeres en Encarnación y Ñeembucú. Entre las buenas prácticas y aciertos se destacan a las redes de mujeres que están operativas, el funcionamiento real de la Mesa Previm en algunos de los distritos y la identificación de aliados estratégicos, como el caso de personas en cargos claves con perspectiva de género y la apertura de espacios de capacitación para funcionarios del sistema.

Otra de las herramientas bien valoradas es el uso del violentómetro para evaluar riesgos y elaborar planes de seguridad inmediatos, como el protocolo de seguridad brindado. En cuanto a incidencia y visibilidad se destaco el uso de redes sociales y programas radiales para difundir el rol de la orientadora y sensibilizar a la sociedad civil.
Entre las principales lecciones aprendidas se destacaron que la empatía es clave, la presencia de la orientadora cumple un rol fundamental de acompañar y explicar la ley, asegurando que la mujer no esté sola frente al sistema y la necesidad de poner límites de autocuidado, aprendiendo a decir “no puedo” y establecer límites personales para no desgastarse en el proceso.
Entre los puntos a mejorar, se encuentran principalmente las barreras institucionales como la burocracia y el maltrato: Se reportaron demoras excesivas, falta de móviles en comisarías y atención “de mala gana”; los sesgos de género con la persistencia de actitudes machistas en juezas y funcionarios que juzgan a la mujer por retirar denuncias previas y permanecer en el círculo de violencia, la carencia de infraestructura como la falta urgente de un albergue en el caso de Ñeembucu, y los vacíos legales que tiene la ley y lleva a la necesidad de modificar la ley para asegurar condenas efectivas y eliminar el “amiguismo” que protege a los agresores.

El foro concluyó que, aunque los logros a veces parecen intangibles, la presencia territorial es concreta y eficaz, permitiendo que desde el 2025 existan avances y logros en la acción directa de prevención en el territorio, siendo el proyecto una herramienta eficaz para dotar a las orientadoras de formación y una metodología acompañamiento a las mujeres que deciden dar el paso a la denuncia.
